Los niños son personas muy perceptivas y sensibles. Por eso es muy fácil que manifiesten a través de sus propias emociones y comportamientos lo que sucede a nivel familiar, ya sean emociones no expresadas de los referentes, como conflictos no resueltos, incluso pueden verbalizar pensamientos que los padres tienen y que nunca han dicho.

Los niños no aprenden lo que les decimos que aprendan, ellos absorben el modo en que se lo decimos, incluso a nosotros mismos. Lo que decimos, cómo lo decimos y lo que no decimos sobre todo. Y si no lo entienden empezarán a generar creencias sobre ellos mismos, muchas de las cuales pueden llegar a
limitarles. Aprenden por “absorción” de todo lo que sucede, en el campo familiar, se exprese o no.

Los niños nos reflejan todo. A veces se expresan a través de comportamientos socialmente poco aceptados, o comportamientos que pueden chocar a la familia, a la escuela. Lo que hace el niño a veces es sacar a la luz algo que tiene que ser expresado a nivel familiar y que nadie reconoce como propio.
Lo que se hace en terapia es tratar de ver cuál es la necesidad que el niño tiene y que necesita ser vista y cubierta y ofrecerle la oportunidad de que desarrolle sus herramientas naturales. Y a los padres orientarles cómo acompañar al niño en su proceso de aprendizaje en el momento de la vida en que se encuentra.
Por eso es un trabajo de toda la familia, lo que expresa uno de los miembros, en este caso el niño, los relaciona y responsabiliza a todos, si cada uno hace una mirada interior, verá algo en sí mismo que amar, cuidar y gestionar, esto enriquecerá y sanará al propio sistema familiar. Y el niño no tendrá la necesidad de expresarlo a costa de sí mismo.
La terapia infantil lo que puede es ofrecer la oportunidad de ver al niño desde un lugar diferente, neutral, al que estamos habituados y puede ayudar a los adultos a comprender en qué momento está el niño, qué necesita, y qué está
encubierto en los síntomas. De mirarlo y verlo a él/ella por sí mismo.
Los niños necesitan ser vistos, amados y aceptados por lo que son, independientemente de lo que hagan. Una vez dado este paso, suceden milagros.
La experiencia de la maternidad y paternidad es una excelente oportunidad de crecer como personas.

La terapia infantil no tiene sentido sin un trabajo familiar. Una mirada externa puede ayudar a detectar las necesidades que tiene el niño y la implicación y responsabilidad de la familia.

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